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La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos. –Marco Tulio Cicerón-.

 

Loable su influencia y agigantada su figura,

disecada su autonomía e inmortaliza su bravura.

Marcó la línea a seguir, en sus eternas evoluciones,

se olvidó de sí mismo, para entregarse a sus acordes.

Criado con sencillez, generosidad y lealtad a los suyos,

su andar por el mundo, lo convirtió en palpitar de sueños.

Creció como intelectual, sin necesidad de la violencia,

nunca la discordia se adentro en su corazón indomable.

Símbolo de la lucha popular contra la dictadura militar,

cantando para su pueblo, con justicia, paz y libertad.

De su mente surgían poemas en favor de la igualdad,

hombre virtuoso al cual callaron con dureza y crueldad.

Apresado y torturado, resistió toda clase de infamias,

le machacaron las manos, para que no tocara su guitarra.

Rompió barreras con su canto de protesta solitaria,

trovador incansable, aplastado por la decadencia humana.

¡Hoy le digo adiós! ¡Con el pensamiento lleno de victoria!,

le escribo con la plenitud e ilusión de los invencibles.

¡Me despido con campanas! ¡Y le dedico este poema!,

porque un buen día, volverá a casa libre de toda atadura.

¡Quiero correr a donde nadie se imagina y soñar!.

¡Soñar en mi próxima vida! ¡Soñar que gritó a los cuatro vientos!,

¡Víctor Jara, descansa en paz!

¡Víctor Jara, su voz sigue presente!

¡Víctor Jara, ahora y siempre!

 

   
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