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La Riviera francesa es un lugar lleno destellos y vistas turquesas. A la también llamada Costa Azul le pertenecen más de cien kilómetros de costera. Desde Saint Tropez hasta Montecarlo se extiende un clima agradable, el mar con su maravilloso sonido así como una fila de lujosos yates y veleros. En el ombligo de su trayecto se encuentra una de mis ciudades favoritas, una de las predilectas del séptimo arte.

Cannes, pequeña en extensión, enorme en belleza, es la sede de uno de los festivales de cine con mayor prestigio. En Cannes, al igual que en Donostiako Zinemaldia (Festival Internacional de Cine de San Sebastián); Internationale Filmfestspiele Berlin mejor conocido como Berlinale (Festival Internacional de Cine de Berlín); así como en la Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica di Venezia (Festival de Venecia) se concentra la crema y nata de la pantalla grande.

La historia del Festival de Cannes se remonta a 1939, cuando le “arrebataron” al francés Jean Renoir el Gran Premio de Venecia. El descontento por la inmersión de conflictos políticos en el arte, fue el origen del Festival International du Film, el cual vería la luz hasta terminada la Segunda Guerra Mundial, en 1946. Bajo la presidencia de Louis Lumiére se llevó a cabo la primera edición de un evento que pondría a Cannes bajo la mirada de cineastas y cinéfilos.

En aquel año postguerra, la temática bélica era comprensible, Roma, città aperta de Roberto Rossellini así como La bataille du rail de René Clément eran muestra de ello. Durante esa primer edición, Billy Wilder, quien ya consolidaba su carrera presentó The Lost Weekend. 1946 también fue el año en que el clásico cuento de La bella y la bestia tuvo su primera versión cinematográfica a cargo de de Jean Cocteau para ser vista en Cannes.

Filmes de Estados Unidos de América, Inglaterra, Alemania, Italia y más, han tocado salas francesas en el marco de su festival; algunas escenas y personajes icónicos nunca han dejado los aires de la costa Cannois pues han sido grabadas en la estación central de autobuses. Un rincón que en cualquier otro lugar del mundo puede resultar sinónimo de bullicio, de prisa o de tumultos, en la Costa Azul es arte, es paz, es felicidad. Con su encabezado  “Cinema Cannes” te invita a sentarte para admirarlo detalladamente.

Desde su inauguración, la ciudad convierte anualmente su mar azul en el lienzo donde se pinta una alfombra roja por la que desfilan los grandes nombres del mundo del cine, además de aquellos de recién descubrimiento pero que están por encumbrar su trabajo. A la par, el océano ha sido testigo de polémicas discusiones entre el jurado para premiar a lo que considera lo mejor del año.

Nuestros connacionales no han sido la excepción, cada vez ocupan un papel más protagónico en las pantallas de Cannes. El encuentro de Salma Hayek, Diego Luna, Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu, Gael García, Alfonso Cuarón y Emmanuel Lubezki al pie del Palais des Festivals, dio mucho de qué hablar pero los nombres más destacados son María Candelaria y Viridiana, películas de Emilio “el Indio” Fernández y  Luis Buñuel, respectivamente.

Ambas cintas mexicanas trajeron a casa la aclamada Palma de Oro, premio máximo que hasta 1955 fue llamado Grand Prix du Festival. México tiene una gran producción cinematográfica, gran parte de ella encasillada en los mismos refritos, comedias románticas que son protagonizadas por los actores de moda; pero no debemos olvidar ese 10 por ciento que suele ser reconocido fuera de nuestro país. Michel Franco con Después de Lucía, ameritó el premio Un Certain Regard. Mientras que Iñárritu, Carlos Reygadas y Amat Escalante han llevado un certificado genuino de Cannes por su trabajo como directores.

Entre los galardonados a lo largo del tiempo también se encuentran nombres como David Lean, Orson Welles, William Wyler, Federico Fellini, Francis Ford Coppola, Michelangelo Antonioni, Martin Scorsese, Akira Kurosawa… los nombres siguen: Soderbergh, Lynch, los hermano Coen, Tarantino, Von Trier, Malick, Haneke… todos los rockstars del cine.

En la ciudad francesa, encuentran un espacio para difundir sus obras, también para compartir experiencias, generar encuentros, además de fomentar apoyos y colaboraciones a través del Marché du Film, el Producers Network y el Short Film Corner, stakeholders de la industria. La famosa Promenade de la Croisette (Bulevar de la Croisette) ha sido testigo durante 70 ediciones de lo mejor del séptimo arte y hoy, hace 71 años arrancaba con su primera celebración, con el inicio de todo un legado de obras.

   
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