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El 21 de mayo del 2019 la situación en Francia era distinta a la actual. La torre Eiffel nutría la vista de curiosos visitantes, el Louvre, como de costumbre, se encontraba abarrotado, el Palacio de Versalles imponía su magnificencia, Burdeos bañaba en vino a sus visitantes y Parasite se estrenaba en Cannes. La película surcoreana llegó al festival de manera discreta y hay que ser honestos, poca gente se emocionaba al ver el nombre de Bong Joon-ho en los carteles publicitarios; sin embargo, este director asiático demostró que no se necesita apegarse a cánones anquilosados para ganarse el aplauso del público.

REUTERS/Jean-Paul Pelissier

Parasite es un filme que rompió paradigmas desde el primer momento en que apareció a la luz de los espectadores ávidos de historias dinámicas y profundas, críticas y entretenidas, complejas, pero no pretenciosas. Y esta película surcoreana tiene todo eso y más. Lo que podría parecer una trama sencilla basada en la lucha de una familia de clase baja por mejorar su estilo de vida a cualquier cosa, se ve potenciada por un guion repleto de puntos de giro inesperados y un ritmo que impide que la vista del espectador se separe de la pantalla.

Bong Joon-ho supo cómo crear una película universal que se alejara de los formulismos con los que la industria hollywoodense alimenta a un mercado que, en ocasiones, parece haber perdido el deseo de exigir nuevas historias. Parasite logra conjuntar lo mejor de varios géneros cinematográficos (drama, comedia, suspenso) y potenciarlos con una fotografía impactante que no se limita a mostrar encuadres impresionantes bañados de luz, sino que estos juegan un papel importante para demostrar las diferencias existentes entre los personajes ricos y pobres del filme.

Crónica de una victoria anunciada

Después de haberse convertido en la primera película surcoreana en ganar la Palma de Oro y ganarse el aplauso y reconocimiento de críticos, cinéfilos y jurados de diversos festivales, Parasite caminaba con paso firme rumbo a los Oscar; sin embargo, el claro favoritismo y preferencia que, históricamente, tiene la Academia por las películas estadounidenses parecía frenar el camino de la cinta surcoreana. 

La duda sobre la victoria de Parasite como Mejor Película permaneció, incluso, cuando se hizo acreedora al premio por la categoría de Mejor Película Internacional, pues el hecho de haber obtenido la nominación a Mejor Película le otorgaba, implícitamente, el galardón internacional. El premio por Mejor Guion Original y el reconocimiento de Bong Joon-ho como Mejor Director no lograron borrar el temor de que cualquier cinta norteamericana ganara el máximo galardón. Los medios, el público y los críticos creían que Parasite padecería el mismo destino que la cinta mexicana Roma, sin embargo, por fortuna, esto no sucedió.

Mark Ralston/AFP

Ante el monstruo que significó Parasite y su clara superioridad frente a películas como Once Upon a Time in Hollywood, 1917, The Irishman, Little Women, entre otras, La Academia no encontró pretexto alguno para negarle a Corea del Sur el honor de ser el país donde nació la primera cinta de habla no inglesa que ganó el Óscar en la categoría de Mejor Película. 

Si bien la cinematografía es un arte que parece efímero y rápidamente desechable y se basa más en el momento del éxito; existen películas que soportan el paso del tiempo y sirven como ejemplo de jóvenes cineastas que desean dejar un legado. Parasite está destinada a ser una de estas películas y no cabe duda que en los años venideros será referenciada por críticos cinematográficos y puesta como ejemplo de futuros maestros de guion, dirección, fotografía e, incluso, cualquier rama de las ciencias sociales.

El éxito de Parasite parece no tener fin y existen rumores de que HBO pretende producir una serie basada en esta multigalardonada película con el apoyo de su director Bong Joon-ho. Habrá que esperar para saber si el vástago de este insigne filme goza de la calidad y preponderancia de Parasite.

Parasite llegó para revolucionar el cine y demostrar que sin importar el lugar del mundo en que uno se encuentre, existen problemas tan universales que pueden ser expresados, entendidos y padecidos a través de una discreta película surcoreana.Hace un año Cannes estrenaba Parasite en una sala abarrotada de incrédulos espectadores, hoy las salas se encuentran cerradas, el eco de los aplausos se encuentra encerrado en las paredes de las salas cinematográficas, las pantallas están apagadas; pero el éxito de Parasite se mantiene vigente.

   
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