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La novela distópica de ficción política creada por el escritor y periodista británico, Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell, es una serie de premisas que retiemblan dentro de quien conozca la obra y se detenga un momento para analizar su entorno. Encontrar paralelismos entre nuestra actualidad con 1984 puede ser terrorífico e impactante ¿pero en realidad se cumplió o se encuentra rebasado?

Sin duda, Orwell expuso, primeramente, sus descontentos en torno a la situación global que atravesó: Guerra Civil Española y Segunda Guerra Mundial; además expresó su rencor hacia el totalitarismo estalinista de la Unión Soviética, retratando al político en el Gran Hermano y reproduciendo algunos de sus métodos para mantener el poder.

A dichos factores agregó su trágica visión del futuro, a juzgar del título, Orwell imaginaba que en 1984 el planeta estaría dividido en tres superpotencias, cuyas sociedades estarían vigiladas todo el tiempo, estimuladas a pensar de forma uniforme, todo ello a través de una estructura institucional infalible y consagrada en cada detalle. Aunque también se cree que el título en realidad es una inversión de las últimas dos cifras, puesto que lo escribió en 1948.

En 1948, Orwell vivenció la antesala de la desafortunada Guerra Fría, asunto importante que influiría en el pensamiento del autor. Para el año previsto por la novela, Ronald Reagan era reelegido con un amplio margen para continuar con su doctrina anticomunista, sin duda se convertiría en el punto de partida para los años más álgidos del conflicto bélico.

De 1984 en adelante las ideas del autor escritas en su novela estaban muy presentes, basta mencionar las acciones entre de Estados Unidos y la URSS para mantener latente la idea de guerra, el tercer mundo atravesó tensiones, uniones y rupturas para formar parte del conflicto que, paradójicamente, era frío y prometía “paz”.

Autores como Gustav Le Bon y Mc. Dougall, señalan que para alcanzar la cohesión de una masa y mantenerla unida, ésta debe contar con un enemigo, de tal forma que capitalistas y comunistas encontrarían la “paz” entre ellos al canalizar su odio e ira hacia sus rivales.

Como una pieza de dominó lanzada para derribar las otras, así surgieron los demás factores, que al mismo tiempo son instrumentos de control. La idea latente de una guerra argumentaba lo suficiente para aumentar los ingresos en armas nucleares y personal, se dio mucho para la creación de metralletas, tanques, misiles y aviones; evidentemente la educación, tanto como las disciplinas que no ayudaban a los intereses gubernamentales fueron reducidas.

Entonces el pensamiento crítico fue paliado por un sinfín de vías, abriendo camino a la carretera de la ignorancia, lo que permite ser manejado a placer de quien tiene las capacidades intelectuales, y aún peor, hacer creer al jumento, como sucedió en la Guerra Fría, poseedor de la supuesta “verdad absoluta” que lo hará “libres”.

De 1949 a 1984 pasaron 35 años, tiempo suficiente para hacer de la Tierra y quienes lo habitan (particularmente de la raza humana) un sitio doliente lleno de polarización, uniformidad e irracionalidad. Pero ahora nos ubicamos en 2018, siglo XXI, 34 temporadas más a la fecha prevista, el libro parece tener la misma obsesión y hoy, más que nunca, se creen cumplidas las profecías apuntadas.

George Orwell

Aunque las técnicas señaladas para mantener en control siguen vigentes, si agregamos la revelación sobre el espionaje a través de internet por Edward Snowden; filtraciones de Wikileaks que explican cómo televisiones inteligentes pueden grabarnos; una oleada posmoderna crucificada por intelectuales debido a la transición de valores; y una bastante agresiva élite mundial reducida, entonces deberíamos detenernos a hojear el libro nuevamente.

Quizá el libro cumplió su advertencia en años anteriores, pero hay que tener en cuenta que la visión de Orwell fue limitada en tanto al desarrollo tecnológico, porque no va más allá de las armas nucleares, o en otros agentes que juegan un rol fundamental en el juego político, tales como los empresarios, y en distintas formas de mantener el control social, como actualmente somos víctima de los placeres mundanos.

Entonces 1984 está rebasado, y esto no es aplaudirse, al contrario, es lamentable estar situados como lo estamos. Homenajear una obra eminente es destacar otros asuntos: pensar esta novela como un paradigma quiere decir que se ha perdido la idea de proyectar futuros distópicos dentro de la literatura lo que nos lleva al pasado y, a pesar de tener las advertencias, no hemos realizado lo suficiente para llevar lo trágico, a lo utópico.

Con todo, 1984 de George Orwell es una lectura obligatoria para todo el mundo y debe ser la base para recrear atmósferas parecidas que incluyan mayores detalles sobre nuestra existencia controlada, que inviten a la reflexión y nos regresen al antiguo arte de la lectura y el intercambio de ideas; acabar con la ignorancia, la esclavitud, la guerra, para finalmente alcanzar la fuerza, libertad, y la paz.

   
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